Existe una manera de leer la Biblia que no busca tanto estudiarla como dejarse transformar por ella. Se llama Lectio Divina, expresión latina que significa «lectura divina», y es una de las formas de oración más antiguas y hermosas de la tradición católica. Practicar la Lectio Divina es aprender a leer la Sagrada Escritura de rodillas, escuchando en ella la voz viva de Dios que habla, hoy, al corazón de quien lo busca. No requiere grandes conocimientos: basta una Biblia abierta, un poco de silencio y un corazón disponible.
¿Qué es la Lectio Divina?
La Lectio Divina es un método orante de lectura de la Palabra de Dios que conduce, paso a paso, del texto bíblico al encuentro íntimo con el Señor. A diferencia de un estudio académico, su finalidad no es acumular información, sino dejar que la Palabra descienda de la mente al corazón y se convierta en oración y en vida. El Concilio Vaticano II, en la constitución «Dei Verbum», animó a todos los fieles a este trato frecuente con la Escritura, y el Papa Benedicto XVI llegó a afirmar que la práctica fiel de la Lectio Divina sería capaz de traer a la Iglesia una nueva primavera espiritual.
El origen: Guigo II y la Escalera de los Monjes
Aunque sus raíces se hunden en los primeros siglos del cristianismo y en la vida de los monjes del desierto, fue un monje cartujo del siglo XII, Guigo II, quien le dio su forma clásica. En una breve y luminosa obra titulada «Scala Claustralium» (La Escalera de los Monjes), Guigo comparó la oración con una escalera de cuatro peldaños que une la tierra con el cielo. Una de sus frases resume todo el método: la lectura sin meditación es árida, la meditación sin oración es estéril y la oración devota alcanza la dulzura de la contemplación.
Los cuatro pasos de la Lectio Divina
El método tradicional se despliega en cuatro momentos. El primero es la Lectio (lectura): se toma un pasaje breve, preferiblemente del Evangelio del día, y se lee con calma, varias veces, preguntándose sencillamente «¿qué dice el texto?». El segundo es la Meditatio (meditación): se rumia la Palabra, se la deja resonar y se pregunta «¿qué me dice Dios a mí en estas palabras?». El tercero es la Oratio (oración): brota entonces la respuesta del corazón hacia Dios, en forma de agradecimiento, petición o alabanza. Y el cuarto es la Contemplatio (contemplación): el silencio sereno en el que, más que hablar, simplemente se permanece en la presencia amorosa de Dios, dejándose mirar por Él.
Cómo practicar la Lectio Divina hoy
Comenzar es más sencillo de lo que parece. Busca un lugar tranquilo y un momento sin prisas; invoca al Espíritu Santo para que abra tu inteligencia y tu corazón; elige un pasaje corto y recorre con paz los cuatro pasos, sin obsesionarte por «cumplir» cada uno. No se trata de una técnica que produce resultados, sino de un encuentro: habrá días de gran consolación y otros de aparente sequedad, y ambos son valiosos. Unos pocos minutos diarios bastan para que, poco a poco, la Palabra vaya modelando la propia vida.
Un espacio para escuchar a Dios
La Lectio Divina florece especialmente cuando se le regala tiempo y silencio, algo difícil de encontrar en medio del ruido cotidiano. Por eso un retiro espiritual es la ocasión perfecta para iniciarse o profundizar en esta forma de oración. En nuestra casa de retiros acompañamos a quienes desean aprender a rezar con la Palabra y descansar en Dios; una misión que sostenemos gracias a la generosidad de quienes creen en ella y que, si lo desean, pueden apoyar con su colaboración. Si quieres vivir unos días de silencio y Lectio Divina, te invitamos a escribirnos: la Palabra de Dios, leída con el corazón, siempre tiene algo nuevo que decirte.
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Que gran trabajo, y cuanta ayuda debemos prestar a esta bendita casa de retiros!