De un campo de chircas junto a la Ruta 5 a la casa que reúne a la Iglesia de todo el Uruguay
Corría 1987. En una reunión del Presbiterio convocada por Mons. Humberto Tonna, los sacerdotes expresaron una carencia que dolía: Florida era la única diócesis del Uruguay que no tenía una Casa de Retiros. Aquella inquietud encendió el entusiasmo del P. Severino Fleig, sacerdote palotino, que comenzó a recorrer terrenos sin descanso.
Hasta que un día, frente a cuatro hectáreas junto a la Ruta 5, Mons. Raúl Scarrone —quien pronto sería Obispo de Florida— pronunció las palabras que lo iniciaron todo: «Es aquí, este es el terreno adecuado». El predio costaba seis mil dólares y la Diócesis no los tenía. La providencia, sí: una suma que el P. Emilio Greulich había dejado en custodia y la gestión incansable del P. Severino junto a Fray Emiliano Buffoli completaron el monto.
Lo que siguió fue obra de manos generosas: los Cursillistas arrancaron a pico y pala las chircas que parecían árboles, se acondicionó la casita de la entrada y, sin esperar a los grandes muros, comenzaron los primeros retiros.
✦ La Casa en Datos ✦
Terreno elegido1987
Predio4 hectáreas · Ruta 5
FundadorMons. Raúl Scarrone
ImpulsorP. Severino Fleig
Obra4 etapas · 2 años
Inauguración1991
Hoy28 habitaciones · 56 huéspedes
✦ LÍNEA DE TIEMPO ✦
Seis hitos de una obra que avanzó sin pausa, sostenida por la providencia y por cientos de manos generosas.
Florida era la única diócesis del Uruguay sin Casa de Retiros. El P. Severino Fleig recorre terrenos hasta que Mons. Raúl Scarrone, frente a cuatro hectáreas junto a la Ruta 5, decide: «Es aquí, este es el terreno adecuado».
Los Cursillistas limpian un campo de chircas que parecían árboles, sin maquinaria, a pura fuerza y fe. Se acondiciona la casita de la entrada y allí se viven los primeros retiros.
Con la herencia de la familia Urdampilleta como base, Mons. Scarrone y el P. Franz Geist recorren Alemania, Holanda y Bélgica en busca de fondos. Se suman la Fundación Santa Teresita de Gran Bretaña —patrona de la Diócesis—, benefactores de Suiza y el P. Conrado Löffel desde Múnich.
Inspirada en una casa vista en Colombia, pero reinventada: una sola planta y la Capilla al frente, «para que la gente quedara con ganas de volver». Cuatro etapas, dos años de obra y ni una sola detención.
El nombre honra al templo montevideano donde creció Mons. Scarrone. De aquella iglesia demolida se rescataron las cruces de mármol de la Capilla y el Sagrado Corazón de hierro forjado: 800 kilos llegados al Uruguay en 1901 junto a la Virgen del Verdún, hoy con los brazos abiertos hacia la Ruta 5.
La Casa recibe a la Conferencia Episcopal del Uruguay, a los presbiterios de varias diócesis en sus ejercicios espirituales anuales y a miles de peregrinos. 28 habitaciones, 56 lugares, una misma bienvenida.
«Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores.»
Cada persona que viene a retirarse aquí escribe un nuevo capítulo de esta historia de gracia. Le invitamos a ser parte de ella.